Hay silencio.
La noche pone a sus estrellas como guías, de un camino invisible que permite dar la vuelta al mundo.
Las nubes, pasean solitarias sobre un lecho de agua.
La luna se esconde, se ha sonrojado por culpa de su amante el sol.
El viento, mueve en ondas las hojas que caen al vacío.
La vida recuerda su existencia en lo latidos del mundo.
La muerte, nos visita recordando que cada minuto es valido.
El tiempo no para aunque pare el reloj.
Refugiada en la terraza escribo en el papel, recuerdo ese libro a medio leer, escucho la sinfonía de este día.
Las risas de los niños queda como eco en aquel juguete abandonado.
Recojo un sentimiento.
He vuelto a escribir.
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